Cómo tratar a una persona victimista 

victimista

Probablemente te hayas encontrado en algún momento de tu vida con personas que no asumen la responsabilidad de sus acciones, que siempre ponen la causa de lo que les ocurre en situaciones o personas externas, que adoptan el rol de víctima de manera intencional.  

Usualmente decimos que se hacen la víctima, que siempre encuentra excusas para achacar la responsabilidad de sus errores en otras personas. Estas son personas victimistas. 

En este artículo veremos qué las caracterizan, qué causa que una persona sea victimista y como tratar con ellas. 

¿Qué significa adoptar el rol victimista? 

Significa adoptar una postura de indefensión, en la que la persona que adopta este rol se ve a sí misma como alguien que no tiene control sobre lo que le pasa, cuya responsabilidad es mínima o inexistente. Asumir este rol implica tener una serie de actitudes. Estas son: 

  • Ver los problemas desde la impotencia. Interpretar cualquier dificultad como algo ante lo que no puede actuar. Sienten que no pueden hacer nada para cambiar sus circunstancias 
  • Poner el foco de la culpa en cosas externas. Como por ejemplo, otras personas, el destino, la mala suerte, a circunstancias incontrolables o a situaciones injustas.  
  • Buscar comprensión sin apertura al cambio. Por lo general, requieren soporte mediante escucha activa y consuelo, aunque evitan hablar sobre posibles soluciones o cambios porque se sienten incapaces de actuar. 
  • Amplificar el malestar. Expresan con más intensidad las dificultades que viven, enfatizando los tratos injustos o dolorosos. 
  • Usar el victimismo como protección. Para evitar confrontaciones, proteger su autoestima, buscar apoyo o manejar emociones difíciles. 
  • Evitar asumir la responsabilidad. Desde este papel, es complicado considerarse responsable de las decisiones o conflictos que se toman, al pensar que no se puede actuar de ninguna otra manera. 

Diferencia entre ser victimista y ser una víctima 

No hay que confundir asumir un rol victimista con ser una víctima. Lo primero consiste en un patrón de comportamiento aprendido o asumido deliberadamente el cual se puede cambiar.  

Lo segundo hace referencia a una persona que ha sufrido un daño o perjuicio real. A diferencia de las personas que asumen un rol victimista, las víctimas de verdad no han tenido control sobre la situación, han sufrido ese daño involuntariamente y describen de manera realista lo que han sufrido. Además, su objetivo no es solo conseguir apoyo emocional, sino encontrar alguna solución para cambiar su situación. En resumen, no altera sus vivencias ni las utiliza para manipular, voluntaria o involuntariamente, a otras personas; sino que las expresa a modo de denuncia en busca de un cambio, para dejar de estar en esa posición.  

Señales del comportamiento victimista 

  • Culpa siempre a otras personas, les achaca todo lo que ha provocado fallos o que las cosas no salieran como quería.  
  • Sobrestima sus problemas, de modo que situaciones menores parezcan grandes tragedias, con el objetivo de atraer la atención y la compasión por su dolor. 
  • No tiene iniciativa y se aguanta a que otros solucionen sus problemas sin participar en el proceso. 
  • Rechaza las soluciones, no atendiendo a consejos o propuestas de ayuda. Lo que busca no es actuar, sino quejarse.  
  • Se compara con otras personas buscando ser la persona más afectada o dolida, como si fuera una competición.  
  • Aprovecha su papel de víctima para manipular emocionalmente a otros y que sean ellos quienes le resuelvan los problemas o hagan el trabajo. 
  • Adopta una postura de indefensión ante cualquier conflicto, como si nunca estuviera en su mano hacer algo para cambiar las cosas. 

Causas del patrón de victimista 

Aunque haber vivido estas no asegura que se vaya a acabar siendo una persona victimista, sí pueden ayudar a explicar cómo se ha acabado asumiendo este rol. Aquí tienes una lista de las posibles causas: 

Experiencias tempranas 

Haber sufrido abuso o negligencia en la infancia puede consolidar una sensación constante de indefensión en la persona. Y, por otra parte, haber recibido un exceso de protección y cuidado en la infancia puede consolidar una dependencia hacia otros, esperando que lo haga todo en su lugar. 

Aprendizaje social 

Si los padres tienen una dinámica que incluya el rol de victimista, esta se puede aprender y reproducir en el futuro, al igual que si siempre se refuerza en la persona comportamientos de queja con atención, simpatía o asistencia. 

Baja autoestima 

Tener una autoestima baja implica sentir inseguridad, incompetencia o insuficiencia. Una manera de gestionar estos sentimientos puede ser asumiendo el rol victimista, de manera que se protege a uno mismo de los sentimientos negativos poniendo la responsabilidad en causas externas, a la vez que se busca a otras personas para que resuelvan sus problemas. 

Creencias rígidas 

Asumir las creencias propias del patrón victimista y que se solidifiquen en el inconsciente. Sobre todo pensamientos como “Nunca tengo suerte” o “La vida está siendo injusta conmigo”. 

Necesidad de control 

No sobre la propia situación, sino sobre otras personas. Necesidad de manipularlas para obtener su atención y compasión y conseguir que resuelvan sus problemas en su lugar. 

Consecuencias del victimismo en las relaciones 

Cansancio emocional: Las personas cercanas acaban agotándose de la dinámica constante de quejarse dramáticamente sin buscar un cambio, lo que les genera frustración e interponer distancia emocional. 

Problemas para solucionar conflictos: El individuo con mentalidad de víctima no trata de resolver los problemas, solamente se queja; por eso, cuando surgen dificultades, no se pone en marcha un proceso para solucionarlas, sino que simplemente vuelven a surgir ocasionalmente. 

Dependencia emocional: Hay una constante búsqueda de apoyo, atención y validación por parte de la persona victimista, lo que puede generar relaciones desiguales y de dependencia. 

Culpar a los demás: Si la persona con tendencias victimistas no le atribuye la culpa de sus problemas a los demás, puede terminar culpando repetidamente a sus amigos, lo cual deteriora el vínculo y reduce la confianza. 

Aislamiento social: Con el tiempo, los amigos, familiares o pareja de la persona victimista se irán distanciando, aumentando su sentimiento de solitud y perpetrando su rol victimista.  

Problemas de comunicación: Las constantes quejas de la persona victimista y su dificultad para aceptar consejos dificulta una comunicación sana, ya que prioriza el reproche a la colaboración. 

¿Cómo relacionarse con una persona victimista? 

Relacionarse con una persona victimista no es algo agradable, pero a veces, ya sea porque es un familiar, compañero de trabajo o porque es una persona que apreciamos, no nos queda otra que mantener la relación. Aquí tienes algunos consejos para llevarlo de la manera más sana posible: 

Establece límites claros. Intenta separar las actitudes victimistas de la otra persona a la hora de tomar decisiones o actuar. Deja claro qué estás dispuesto a tolerar y comunícalo con firmeza. 

No alimentes el rol victimista. No intentes dar soluciones o consuelo cada vez que la persona victimista acuda a ti. Intenta promover que busque alternativas y soluciones por su cuenta. 

Sé empático, pero mantén la objetividad. Valida su malestar, reconoce sus dificultades, pero no las asumas como propias e intenta orientar a la persona victimista hacia la búsqueda de soluciones. 

Fomenta la asunción de responsabilidad. Anima a la persona victimista a que asuma parte de la responsabilidad sobre su situación o sus problemas, todo desde una perspectiva constructiva y en busca de cambios. 

Corta debates interminables. Cuando se hable sobre quién tiene la culpa, intenta redirigir la conversación a cómo poder solucionarlo. 

Protege tu bienestar. Prioriza tu salud y estabilidad, intentando ignorar la posible culpa o responsabilidad que te pueda transmitir la persona victimista. Defiende tus límites, desarrolla tu asertividad y, si es necesario, toma distancia, aunque sea temporalmente. 

¿Qué cosas no deberías hacer con una persona victimista? 

No asumas la culpa de sus problemas. No asumas responsabilidades que no te corresponden ni te justifiques constantemente. 

No intentes rescatarla todo el tiempo. Esto refuerza su rol de víctima, impidiendo que pueda poner en práctica comportamientos alternativos. 

No valides sus quejas constantemente sin cuestionarlas. No le des la razón automáticamente. Escúchala, pero no valides injusticias que no existen. 

No minimices sus emociones. Aunque su patrón de comportamiento sea problemático, sus emociones son reales, por lo que no hay que invalidarlas. Se puede reconocer sus emociones sin apoyar la narrativa que hay detrás. 

No intentes ganar las discusiones. No se puede debatir sobre la realidad que ha vivido. Lo mejor es distanciarse y esperar a que desescale la situación para abordarla más tarde desde otra perspectiva. 

No prometas cosas que no quieres hacer. No cedas ante la insistencia de la persona victimista para evitar un conflicto, esto acaba reforzando su patrón de comportamiento. Sé firme con las cosas que no quieres hacer. 

No te culpes por querer distanciarte. Ya sea de manera temporal o no, es una herramienta útil para recuperar la estabilidad y el bienestar que puede haber alterado la interacción con la persona victimista. 

Conclusión 

Tratar con una persona victimista es una tarea difícil. Requiere de inteligencia emocional, asertividad, esfuerzo y ganas de mantener la relación. Si fallamos en estos requisitos, las interacciones volverán a girar en torno a sus problemas una y otra vez, agotándonos cada vez más.  

Pero, a veces, es importante recordar que este patrón de conducta puede hacerse involuntariamente. Esto no le exime de culpa a la persona victimista por manipular o desgastar a sus relaciones, pero nos ayuda a comprender mejor la situación para poder decidir si queremos hacer algo al respecto, si queremos cortar la relación, alejarnos temporalmente, poner límites o mantener las cosas como están.  

Al final, las personas victimistas, aunque no lo queramos, pueden ser personas cercanas a nosotros. Por eso es importante dar a conocer distintas maneras de gestionar este tipo de relaciones, para que la gente pueda tener opciones y no verse entre la espada y la pared. A veces no hay que elegir solo entre no hacer nada o distanciarse, a veces se puede establecer un canal de comunicación con el objetivo de encontrar un cambio en la dinámica de relación.