Terapia psicológica para adolescentes

terapia adolescentes

La adolescencia es una etapa del ciclo vital en la que se producen profundos cambios en el nivel físico, social y psicológico, y durante la cual -en condiciones normales-, por lo general, se afianzará la identidad personal y se comenzará a elaborar un proyecto de vida. (Obiols y Obiols, 2000; Casullo y Fernández Liporace, 2001).

Pero también los adolescentes, por la propia dinámica evolutiva que los caracteriza, están expuestos a una mayor probabilidad de desajustes en el equilibrio psicosocial sujeto-entorno, lo que puede repercutir en su desarrollo psicológico, y potenciar o disminuir el efecto de dificultades relacionadas con la confianza en sí mismo, la timidez, la ansiedad, el sentimiento de autoeficacia, la autoestima, y el afrontamiento entre otros aspectos (Casullo, 1998; Frydenberg y Lewis, 1997). Por esta razón, el proceso de entenderse a sí mismo, a los demás y las relaciones humanas es parte importante del crecimiento en la adolescencia y la edad adulta.

Los adolescentes son más vulnerables y tienen más predisposición a sufrir problemas de tipo psicológico. Como consecuencia de la gran evolución tecnológica, los adolescentes están más expuestos a factores etiopatogénicos. Hoy en día, en la era del internet, los más jóvenes pueden hacer sus apuestas desde cualquier lugar, aumentando notablemente los casos de adicción al juego o ludopatía. Por no hablar del estereotipo social de «cuerpo perfecto» que contribuye a la aparición de trastornos de conducta alimentaria (anorexia, bulimia, vigorexia) entre los más jóvenes. Por ello, detectarlos y tratarlos a tiempo supone la prevención de la enfermedad en la vida adulta.

Los problemas psicológicos en esta etapa de la vida, se caracterizan por cambios de humor, pensamiento y comportamiento, o una combinación de ellos. Provocan malestar y un descenso en su calidad de vida y en su habilidad para funcionar adecuadamente en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Señales de alerta de que mi hijo puede necesitar terapia

¿Tiene tu hijo alguno de estos síntomas?:

  • Irritabilidad.
  • Cambios en apetito.
  • Cambios en el sueño.
  • Aislamiento social
  • Impulsividad.
  • Pequeños robos.
  • Agresividad.
  • Mentiras.
  • Vandalismo.

Puede ser complicado distinguir entre los cambios normales en la etapa infantojuvenil y los síntomas de una enfermedad mental.

Por desgracia, más de la mitad de todos los trastornos mentales y adicciones comienzan a la edad de los 14 años y 3 de cada 4 comienzan a la edad de 24 años. Como resultado de la terapia infantojuvenil, se reducen las cifras.

¿Cuáles son los trastornos psicológicos más comunes en la adolescencia?

Las señales de alarma que hemos mencionado antes son algunos de los primeros indicios de que algo no va bien, y puede ser desde un mero problema de desadaptación hasta un trastorno mental más grave. A continuación elencamos brevemente algunos de los problemas psicológicos más comunes en terapia: 

Como se puede observar, muchos de los problemas que pueden darse se incluyen en distintas áreas de tratamiento, es por tanto muy importante que se contacte con un psicólogo del que se conozcan bien sus áreas de intervención a fin de encontrar lo más adecuado para el menor.

El tratamiento en adolescentes

Los trastornos mentales tienen tratamiento. Cuanto antes se detecten y traten, mayores son las probabilidades de éxito. El tipo de tratamiento que funcione mejor para un adolescente varía según las necesidades del propio adolescente.

Existen diferentes opciones de terapia psicológica para adolescentes:
  • Terapia familiar: ayuda a solucionar los problemas familiares y a manejar los comportamientos del adolescente en el hogar familiar.
  • Terapia Cognitivo- Conductual: ayuda a reconocer y cambiar patrones de pensamiento y comportamientos insanos para la salud mental.
  • Entrenamiento en habilidades sociales: ayuda a los adolescentes con problemas de baja autoestima o dificultades para relacionarse.
  • Grupos de apoyo para adolescentes y familia.
  • Mediación Familiar.

Algo importante a considerar durante en estos tipos de terapia es que, en la terapia con adolescentes, se asume que el menor ya tiene madurez suficiente como para centrar la intervención en él y no tanto en los padres. Un aspecto fundamental en estos casos es la confianza y el saber manejar adecuadamente el secreto profesional, ya que si bien el psicólogo puede y debe informar a los padres de lo que ocurre en terapia, esto mismo podría afectar negativamente en el vínculo terapéutico. Se le ofrece al adolescente un espacio en el que no será juzgado y en el que pueda exponer todas sus inquietudes y problemas en esta etapa de cambios. Por supuesto los padres también serán relevantes en todo el proceso ya que se escuchará su punto de vista y sus preocupaciones, participando activamente en el proceso terapéutico.

El papel de los padres

En la terapia con adolescentes los padres tienen un rol esencial ya que, en primer lugar, son ellos los que suelen decidir llevarlo o no al adolescente a terapia y son los que plantean unos objetivos determinados para considerar si la terapia ha sido efectiva o no. Un gran punto de conflicto son los casos en los que el adolescente acude a terapia en contra de su voluntad, casos delicados en los que el psicólogo tendrá que evitar posicionarse en un bando u otro.

Los padres tienen un papel muy importante en la terapia con adolescentes. En muchas ocasiones resulta muy difícil sobrellevar la adolescencia de un hijo que vive tantos cambios. Si ya la adolescencia es complicada de por sí, se hace muy duro que encima haya conflictos o problemas como los que estamos abordando, especialmente cuando ves cómo tu hijo/a lo pasa mal y sientes la impotencia de no poder ayudarle.

Aunque al adolescene le cueste admitirlo por los conflictos que pueden llegar a darse con los padres, estos no dejan de ser un punto de referencia fundamental en sus vidas, así como una fuente de seguridad afectiva. Es por tanto esencial que los padres acompañen al adolescente en el proceso terapéutico pese a los conflictos que puedan darse. 

El terapeuta además de trabajar con el menor, puede llegar a tener un papel muy importante al trabajar y ayudar a los padres en todo lo referente a su hijo, tanto la resolución de conflictos como el alivio emocional ante el agobio o el estrés que suelen acompañar estos problemas, o incluso ofreciendo psicoeducación para que los padres comprendan mejor los cambios y por lo que está pasando. También tiene un rol fundamental en la mediación de conflictos y búsqueda de soluciones viables cuando las dinámicas familiares impiden que estas discusiones puedan darse de manera efectiva por su cuenta.

La colaboración de los padres con el psicólogo a lo largo de toda la terapia es fundamental. En primer lugar porque ayudarán a poner en práctica técnicas de modificación de conducta (en los casos que sea necesario) y vigilar las conductas del adolescente en el tiempo entre terapias, algo que tiene en común este tipo de terapia con la terapia de niños.

Que los padres también estén cuidados por un terapeuta, les ayudará a contar con la energía apropiada para hacer el papel tan necesario que tienen en el desarrollo de su hijo.

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