Todos los niños y adolescentes, en algún momento, se resisten a las reglas, debaten con sus padres o expresan frustración cuando las cosas no ocurren como les gustaría. Estas acciones son parte del desarrollo normal y constituyen un medio para examinar los límites y construir la identidad. No obstante, si estas actitudes son persistentes, fuertes y obstaculizan las relaciones con amigos y familiares, el desempeño académico o la convivencia hogareña, podríamos estar frente a un Trastorno Negativista Desafiante (TND).
El TND no representa simplemente un «antojo» o «comportamiento incorrecto». Es un trastorno de la conducta que influye en cómo se comportan los adolescentes y niños ante la autoridad y gestionan sus emociones. Los que lo sufren tienden a tener un comportamiento constante de desafío, falta de obediencia y actitud hostil hacia figuras de autoridad como padres, maestros o cuidadores. Esto no quiere decir que sean «malos niños» o que los padres hayan fracasado en la crianza; simplemente es una condición que necesita paciencia, comprensión y, en numerosas ocasiones, intervención profesional.
Un niño que padece TND puede ser considerado como siempre «a la defensiva», preparado para ir en contra de las reglas o confrontar a quienes lo rodean. Puede, por ejemplo, negarse a llevar a cabo trabajos sencillos, tener discusiones regulares o culpar a otros de sus errores. El TND se distingue de las conductas retadoras ocasionales por su duración, intensidad y frecuencia. En otras palabras, es una tendencia que dura al menos seis meses y tiene un impacto significativo en la vida diaria; no se trata de un suceso aislado.
Señales y síntomas del Trastorno negativista desafiante
El Trastorno Negativista Desafiante no se trata de una simple etapa de rebeldía, sino de una combinación de actitudes que pueden causar problemas significativos en la vida diaria del niño y en quienes lo rodean. Es esencial identificar las señales para distinguirlo de conductas propias de la niñez. Las señales más frecuentes son las siguientes:
- Actitud desafiante y oposición constante
- Discuten a menudo con adultos, incluso por temas triviales.
- A menudo, se resisten a seguir instrucciones o reglas y hacen lo opuesto de lo que se les manda.
- Cuestionan la autoridad de manera continua, demostrando que tienen la necesidad de desafiar cualquier frontera establecida.
Ejemplo: Si se le solicita que ordene su habitación, es posible que conteste con un «¿Por qué tengo que hacerlo yo? ¡No es justo! Y deje la tarea sin hacer.
- Enfado frecuente y problemas para controlar la ira
- Se enojan con facilidad y explotan de ira de manera desmedida en relación a la circunstancia.
- Es posible que reaccionen con frustración o agresividad, siendo extremadamente sensibles a las críticas.
- Manifiestan su ira a través de portazos, gritos o conductas pasivo-agresivas.
Ejemplo: Si no se le permite ver su programa preferido, puede tener una rabieta que dure horas.
- Hostilidad y rencor
- Almacenan resentimiento hacia quienes consideran responsables de sus frustraciones.
- Pueden mostrarse o actuar de manera vengativa o deseando «devolver el golpe» cuando sienten que han sido tratados injustamente.
- Acusan a los demás de ser responsables de sus problemas o errores («Es culpa de mi maestro que suspendí el examen»).
Ejemplo: Si un compañero accidentalmente lo golpea, podría insistir en hacerlo sentir mal o devolver el golpe.
- Conductas provocadoras
- Provocan de manera intencionada a otras personas, ya sean adultos, compañeros o hermanos.
- Incluso cuando no hay una razón visible, buscan conflictos de manera activa.
Ejemplo: Con el fin de molestar a los demás, interfieren deliberadamente en una actividad grupal, como un juego en equipo.
- Baja tolerancia a la frustración
- Les cuesta lidiar con circunstancias que no se desarrollan como esperaban.
- Reaccionan de manera desmesurada ante rechazos o contratiempos insignificantes.
- Su frustración puede llevarlo a actuar de manera destructiva o agresiva.
Ejemplo: Un niño podría gritar que es culpa de quien le dio el juguete si se rompe mientras juega, o podría tirarlo al suelo con fuerza.
¿Cómo impacta el TND en la vida familiar y escolar?
El Trastorno Negativista Desafiante (TND) tiene el potencial de generar presiones significativas en la familia y la escuela, afectando no solo al niño, sino también a quienes lo rodean.
- En la vida familiar:
El TND habitualmente genera un ambiente de conflicto permanente en el hogar. Los padres pueden sentirse cansados, frustrados o hasta culpables a causa de las discusiones recurrentes, los desafíos hacia la autoridad y los estallidos de ira del niño. Los hermanos también pueden verse impactados, ya sea porque sienten que no reciben la atención necesaria o porque quedan atrapados en las dinámicas de los conflictos.
Asimismo, si las interacciones se transforman en un ciclo de corrección y desafío, las relaciones familiares pueden deteriorarse. Esto puede causar un incremento de la tensión y el malestar dentro del hogar. Esto puede provocar que los progenitores se cuestionen su habilidad para gestionar la situación, originando así tensión emocional y, en ciertos casos, disputas entre ellos mismos.
Ejemplo: Si el niño se niega de manera persistente a respetar las reglas del hogar, tales como recoger sus juguetes, esto puede llegar rápidamente a discusiones diarias que obstaculizan la convivencia. Una pregunta sencilla como «¿Por qué debo hacerlo yo?» puede transformarse en una lucha permanente, lo cual deja a los padres emocionalmente exhaustos.
- En la escuela:
El TND puede manifestarse en el entorno escolar por medio de conductas disruptivas que dificultan la adquisición de conocimientos, tanto del niño como de sus compañeros. Los niños que tienen TND pueden tener discusiones con los profesores, negarse a hacer las tareas o provocar a sus compañeros de clase, lo cual puede resultar en reiteradas advertencias, aislamiento social o suspensiones.
Estas dificultades pueden afectar la autoestima del niño, quien puede sentir que no es comprendido o que es rechazado. Además, no solo afectan el rendimiento académico. Si no se tratan de forma apropiada, a la larga esto podría causar problemas de conducta más serios.
Ejemplo: En caso de que el maestro le pida al niño que guarde un libro o permanezca callado en clase, este podría replicarle con una respuesta desafiante, como: «¡Tú no me mandas!» o levantarse de su lugar para interrumpir a otras personas. Esta conducta es capaz de afectar negativamente el desarrollo de los otros estudiantes, crear tensiones en el aula y dañar la relación entre el niño y sus maestros.
¿Qué puede hacer un padre o cuidador?
Es posible que sea un reto criar a un niño con Trastorno Negativista Desafiante (TND), pero existen estrategias que pueden contribuir a mejorar la dinámica en el hogar y a encaminar al niño hacia una conducta más positiva. Te compartimos aquí algunos procedimientos prácticos:
- Establecer límites claros y consistentes
Los niños con TND tienden a desobedecer las reglas, pero es crucial que estas sean consistentes, claras y firmes. Asegúrate de que el niño comprenda las reglas y explícitamente aclara cuáles serán las consecuencias si no se ciñen a ellas. La coherencia es fundamental: si un día dejas que el niño se comporte de cierta forma y al siguiente corrige su conducta, podría sentirse confundido y volverse más desafiante.
Ejemplo: Si la regla es que recojan sus juguetes antes de la cena, asegúrate de que se cumpla a diario sin excepciones.
- Refuerza el comportamiento positivo
En vez de concentrarte solamente en las conductas negativas, identifica y alaba los comportamientos apropiados. Esto motiva a los niños a repetir esas acciones. Utiliza elogios específicos para que sepa exactamente lo que hizo bien.
Ejemplo: «Te estoy muy agradecido por poner tus libros después de terminar la tarea; eso me es de gran ayuda.»
- Mantén la calma durante los conflictos
Puede ser cansador lidiar con un niño problemático, pero la situación se hace más difícil si se responde gritando o castigando de manera severa. Contribuye a reducir el nivel de conflicto actuar con determinación y mantener la calma, pero sin recurrir a la violencia.
Ejemplo: Si el niño grita o se niega a seguir una indicación, responde con calma. Entiendo que estés enojado, pero necesitas recoger tus juguetes. Cuando lo desees, podemos comunicarnos.
- Busca ayuda profesional
El TND puede ser difícil de gestionar, y la intervención de un profesional puede tener un impacto significativo. El niño y los cuidadores pueden recibir ayuda para superar los retos de forma eficaz mediante terapias familiares, tácticas de manejo conductual y asistencia psicológica.
Tratamiento y apoyo profesional
En cuanto a este último punto, el propósito de la terapia para el Trastorno Negativista Desafiante (TND) es ayudar al niño y a su familia a gestionar los desafíos que supone esta enfermedad. Es fundamental entender que solicitar la ayuda de un especialista no implica haber fracasado; al contrario, es un gesto favorable para el bienestar del niño y de toda la familia.
La terapia cognitivo-conductual es uno de los métodos más eficaces, pues enseña al niño a controlar sus emociones y a establecer relaciones con los demás de manera más sana. Al mismo tiempo, la terapia familiar proporciona herramientas a los cuidadores para manejar conflictos de manera más eficaz, reforzando los límites claros y el refuerzo positivo, como se indicó en el punto anterior.
En ciertas situaciones, es posible que se ofrezcan capacitaciones específicas para los progenitores, en las que aprenden tácticas para reaccionar ante comportamientos desafiantes sin perder la tranquilidad ni entrar en ciclos de conflicto.
Un profesional tiene la habilidad de examinar la situación de manera individual, identificar las necesidades específicas del niño y guiar a la familia hacia soluciones pragmáticas. Este apoyo tiene la capacidad de ser decisivo, pues puede contribuir a romper el ciclo de tensiones y crear un ambiente más favorable.
Conclusión
Para abordar el trastorno negativista desafiante (TND), se requiere, ante todo, una perspectiva de cooperación, además de empatía y paciencia. Es crucial recordar que detrás de cada conducta desafiante hay un niño que necesita ser escuchado y guiado, más allá de las estrategias y los tratamientos. Cada pequeño progreso, cada instante de conexión, es una contribución a la creación de relaciones más sólidas y a un entorno más positivo.
La ruta puede ser desafiante, pero no es necesario que se haga solo. La fusión del respaldo profesional y la entrega de quienes cuidan puede transformar los desafíos en oportunidades para aprender y crecer conjuntamente. El propósito no es transformar al niño, sino dotarlo de los medios para que se enfrente al mundo de una forma más sana y eficaz. Y en ese proceso, los adultos tienen la posibilidad de encontrar nuevas maneras de interactuar y reforzar los lazos con las personas que más aman.