El Síndrome de Estocolmo

El Síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo es un fenómeno psicológico que suscita mucho interés y, a la vez, desconcierto. Es probable que hayas oído hablar de él en numerosas ocasiones, pero ¿conoces su significado real? 

El síndrome hace alusión a la reacción emocional que ocurre cuando una víctima de un abuso o un secuestro empieza a desarrollar cariño, compasión o incluso fidelidad hacia el agresor.  Esta conducta, pese a que puede parecer contradictoria, es más frecuente de lo que se cree y ha sido examinada en casos de secuestros graves o circunstancias de violencia extendida. 

En este texto abordaremos el síndrome de Estocolmo: su definición, sus manifestaciones y la razón por la que algunas personas pueden reaccionar así en situaciones tan traumáticas. 

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

El síndrome de Estocolmo es un trastorno psicológico especialmente complejo que sucede cuando las víctimas de abuso o secuestro desarrollan una relación emocional positiva con el perpetrador.

Aunque esto pueda parecer contradictorio o sin lógica, se trata de una respuesta adaptativa que se produce como mecanismo de defensa y que constituye una reacción psicológica para afrontar situaciones de estrés y de miedo intenso.

Este fenómeno fue observado por primera vez en los años setenta durante un atraco a un banco de Estocolmo, en Suecia, cuando los rehenes, después de varios días de cautiverio, comenzaron a defender a sus captores, una de ella fue Kristin Enmark. La prensa empezó a llamar a esta conducta «síndrome de Estocolmo» y a partir de ese momento pasó a ser investigado por parte de los psicólogos. Un ejemplo parecido sucedió con el secuestro de Patty hearst, que se llevó a cabo por el ejército simbionés de liberación, donde la víctima empezó a identificarse con sus propios secuestradores.

El síndrome de Estocolmo no es un trastorno reconocido oficialmente por todos los profesionales de la salud mental en los manuales de diagnóstico, pero sigue siendo un concepto importante a la hora de analizar las relaciones violentas y la conexión psicológica entre la víctima y el agresor. En muchas ocasiones, se trata de situaciones prolongadas de violencia física, mental o psicológica, en las que la víctima queda atrapada en un ciclo de dependencia emocional hacia su perpetrador.

¿Cuáles son las causas principales del Síndrome de Estocolmo?

No es fortuito que el síndrome de Estocolmo suceda. Hay muchos factores psicológicos y emocionales que contribuyen a que se desarrolle este fenómeno. A continuación veremos algunas de las principales causas que pueden provocar este síndrome. 

  1. Mecanismos de defensa psicológicos. Cuando alguien es secuestrado o está siendo víctima de un abuso, su mente está en alerta máxima. El miedo, la ansiedad y una sensación de impotencia permanente pueden llevar a las víctimas a buscar consuelo en cualquier lugar, incluso si este proviene de quien les está haciendo daño. En este marco, el cerebro tiene la posibilidad de “racionalizar” lo que está ocurriendo con el fin de disminuir el estrés emocional. Así, el agredido puede comenzar a racionalizar los actos del agresor como un mecanismo de supervivencia para salvaguardarse psicológicamente. 
  1. Dependencia emocional: Durante un secuestro o una situación de abuso, la víctima puede volverse completamente dependiente del agresor. Si las víctimas están aisladas de otras conexiones sociales y viven en circunstancias extremadamente vulnerables, pueden desarrollar una fuerte dependencia emocional hacia el secuestrador o perpetrador. Esta dependencia hace que la víctima vea al perpetrador como la única fuente de “seguridad” y comodidad, a pesar incluso de estar siendo víctima de maltrato
  1. Ciclo de abuso.  En una situación de abuso doméstico prolongado, violencia de género o de secuestro, las víctimas suelen experimentar un ciclo de abuso. En este ciclo se observan episodios violentos que se alternan con periodos de «tranquilidad» o conductas más cariñosas del individuo violento. La alternancia de estos comportamientos puede provocar que la víctima se confunda, empiece a percibir la «bondad» del maltratador como una expresión de cariño y vea la violencia como algo que merece perdón. Este patrón de comportamiento es característico del síndrome de Estocolmo doméstico, en el cual la víctima desarrolla una fuerte conexión emocional con su agresor, lo que puede llegar a dificultar su salida de la situación de abuso, incluso cuando se encuentra en situaciones de peligro. Como parte de su respuesta emocional, la víctima puede adoptar una estrategia de afrontamiento, como justificar los actos del agresor o reducir la violencia, con el fin de sobrellevar el estrés y el trauma. 
  1. Falta de opciones o escape: En muchas ocasiones, las víctimas sienten que no tienen otras opciones para escapar de su situación. Si se encuentran en un lugar donde no pueden conseguir ayuda o apoyo externos, es más probable que desarrollen un vínculo emocional con su abusador. La falta de contacto con el mundo exterior puede hacer que las víctimas vean al perpetrador como alguien estable, incluso en situaciones de abuso y violencia

¿Cómo se manifiesta?

El síndrome de Estocolmo puede presentarse de diversas formas y es relevante tener en cuenta que no todas las personas víctimas muestran los mismos síntomas.   No obstante, algunos de los más comunes son: 

  1. Empatía con el agresor: La víctima puede empezar a cultivar emociones positivas hacia quien la agrede, como la simpatía o el cariño, e incluso llegar a legitimar sus actos violentos o abusivos. 
  2. Sentimiento de lealtad. Independientemente de la situación de abuso, la persona es capaz de sentir una profunda lealtad hacia la persona que le está causando el daño. Este vínculo emocional puede llegar a ser tan fuerte que la víctima incluso defiende y protege al agresor
  3. Dependencia emocional. Las víctimas pueden llegar a depender emocionalmente del maltratador, convencidas de que su felicidad depende de él, aun cuando estén sufriendo abusos por parte de este. 
  4. Confusión acerca del peligro: Es posible que las víctimas ignoren el verdadero riesgo al que se enfrentan o minimicen la seriedad de la situación, lo cual genera una impresión errónea de seguridad cuando está presente el agresor. 

Consecuencias del Síndrome de Estocolmo

En la vida de la persona que lo sufre, el síndrome de Estocolmo tiene una influencia duradera y notable. No es solo una reacción temporal, sino que los efectos pueden mantenerse incluso después de que la víctima ya no se encuentre en la situación. Mostramos las consecuencias más comunes: 

  1. Dificultad para romper el vínculo con el agresor: Una de las consecuencias de este síndrome es la indefensión aprendida, donde la víctima llega a aceptar su situación de abuso como algo que no puede cambiar. Esta es una de las características más difíciles, la dificultad que tiene la víctima de romper la relación con el agresor, incluso después de haber sido liberada o haber escapado. La conexión emocional puede llegar a ser tan fuerte que la víctima sienta incluso culpa y lealtad hacia su perpetrador. Esta situación puede provocar que la víctima se vuelva a poner de nuevo en situaciones de riesgo o que regrese a la relación abusiva.
  2. Impacto en la salud mental: Aquellas personas que sufren este síndrome en muchas ocasiones padecen trastornos mentales como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático o trastornos de la personalidad. Los efectos emocionales que surgen después de haber vivido una experiencia de abuso o de secuestro pueden persistir durante años, y por tanto, pueden afectar a la calidad de vida y a la salud mental de la persona.
  3. Aislamiento social: Las víctimas del Síndrome de Estocolmo es probable que experimenten un aislamiento social. En muchas ocasiones, las personas que sufren una situación de abuso o de secuestro tienen miedo de contar lo que les está ocurriendo, ya sea porque les da vergüenza, porque tienen miedo a que no se les crea o porque sienten que nadie les va a entender. Este aislamiento puede derivar a que la víctima intensifique su vínculo con el agresor y de esta forma, se sienta más atrapada.
  4. Problemas de confianza: Las víctimas de este síndrome a menudo muestran dificultad para confiar en otras personas, sobre todo en situaciones que implican contacto emocional. Se suelen cuestionar todas las relaciones y se genera una desconfianza generalizada después de haber vivido la experiencia de haber confiado en un agresor, por lo que la persona requiere de más tiempo para poder recuperar la capacidad de confiar en los demás

¿Cómo se trata el Síndrome de Estocolmo?

El tratamiento del Síndrome de Estocolmo es un proceso que requiere asistencia profesional. Aunque cada caso es único, los siguientes enfoques suelen ayudar a las víctimas a superar las secuelas que se derivan de este síndrome:

  • Psicoterapia individual: La terapia es la principal herramienta en el tratamiento del Síndrome de Estocolmo. Un psicólogo especializado en esta área puede ayudar a las víctimas a afrontar el trauma, a identificar y comprender sus emociones y a aprender a afrontar el estrés postraumático. La terapia cognitivo-conductual (TCC) y la terapia de exposición son métodos eficaces que son utilizados para tratar este tipo de trastornos.
  • Terapia de grupo. La terapia de grupo permite que las víctimas puedan conectar con otras personas que han tenido experiencias similares. Compartir las propias historias y sentimientos en un ambiente seguro y de apoyo puede ser una forma eficaz de superar el trauma. También puede ser de gran ayuda para las víctimas para que comprendan que no están solas y que sus experiencias no son únicas.
  • Apoyo social. El apoyo de la gente del entorno de la persona, como los amigos, los familiares o grupos de apoyo son vitales para la recuperación. Rodearse de personas que sean capaces de comprender a la persona y que sean empáticas puede brindar una sensación de seguridad y de pertenencia, lo cual es esencial en el proceso de recuperación.
  • Rehabilitación emocional. A medida que la víctima se recupere, puede ser necesario realizar múltiples esfuerzos para recuperar su autoestima y reafirmar su independencia emocional. Esto incluye adquirir habilidades para crear relaciones seguras y sanas, así como desarrollar una identidad diferente a la del agresor. 

Prevención del Síndrome de Estocolmo

La prevención del síndrome de Estocolmo se enfoca en generar un ambiente seguro y actuar rápidamente en circunstancias de abuso o secuestro.  Algunas tácticas de prevención son las siguientes: 

  1. Toma de conciencia acerca del abuso:  Es fundamental que los individuos estén informados y sean conscientes de cuáles son las señales de violencia y secuestro. La formación en estos asuntos puede ayudar a detectar circunstancias de riesgo antes de que se transformen en problemas graves. 
  2. Apoyo a las víctimas. Las víctimas de abuso necesitan apoyo emocional y psicológico desde el momento en que escapan o son liberadas. Si se realiza una intervención temprana el riesgo de desarrollar el Síndrome de Estocolmo puede reducirse
  3. Redes de apoyo: Las víctimas deben ser conscientes de que hay recursos disponibles, como líneas directas de ayuda y organizaciones que luchan contra la violencia. El acceso a estos recursos puede marcar una diferencia significativa en la vida de alguien que ha sido víctima de secuestro o de abuso.

Conclusión

El síndrome de Estocolmo es un fenómeno complejo y confuso que afecta a muchas personas que han experimentado situaciones graves de abuso o de secuestro.

A pesar de que la respuesta emocional de la víctima puede parecer contradictoria, el trastorno refleja mecanismos de afrontamiento psicológico que el cerebro activa cuando las personas se encuentran en momentos de crisis.

Para apoyar adecuadamente a las personas que lo sufren, es fundamental comprender las causas y consecuencias de este síndrome. La intervención temprana, el tratamiento adecuado y el apoyo social son importantes para que las víctimas se recuperen y para evitar que a otras personas les sucedan situaciones parecidas.