Dislexia

dislexia

Entre las dificultades del aprendizaje con más incidencia en los niños encontramos sin duda la dislexia (1 de cada 10 niños la padece). Un trastorno del aprendizaje del que muchos hemos oído hablar y que es común encontrar en las aulas de los colegios. La dislexia suele ser asociada frecuentemente a fracaso escolar, dificultades lectoras, etc.. Es por esto que es importante entender este trastorno, su funcionamiento y las características de quienes lo padecen. A fin de poder establecer los métodos educativos que mejor se adapten a sus necesidades y que aseguren el éxito académico.

Lo primero que hay que dejar claro es que la dislexia no es una enfermedad. Es un trastorno con el que naces y que afecta a la forma que tienes de procesar cierta información. Concretamente afecta a la dificultad para aprender a leer y escribir.

La dislexia, así, se define como un trastorno cognitivo que lleva aparejada una competencia lectora reducida y que suele compartir bastantes similitudes con otros problemas que se caracterizan por déficit en la capacidad de aprendizaje y de adquisición de competencias específicas (fundamentalmente, trastorno específico del lenguaje, de los sonidos del habla o por déficit de atención e hiperactividad). La dislexia es un “trastorno que se manifiesta como una dificultad para aprender a leer a través de métodos convencionales de instrucción. A pesar de que existe un nivel normal de inteligencia y adecuadas oportunidades socioculturales”.

Síntomas de la dislexia

La dislexia es un trastorno complejo que se aleja de lo que la gente suele pensar, no es solo dificultad para leer, confundir derecha e izquierda o leer lento. Tampoco implica un retraso en el aprendizaje de otras competencias ni una menor inteligencia respecto a los demás. Entre los síntomas que pueden aparecer en quienes tienen dislexia encontramos:

  • Dificultad para articular o pronunciar palabras.
  • Lectura con errores, lenta y que requiere mucho esfuerzo.
  • Problemas de concentración en la lectura y escritura.
  • Problemas de lateralidad.
  • Confusión de palabras con pronunciación parecida.
  • Cambiar o trasponer letras al leer o escribir.
  • Aprender palabras nuevas lentamente.
  • Problemas de comprensión lectora.
  • Dificultad para elaborar rimas.
  • Dificultad para deletrear.
  • Dificultades para aprender otros idiomas.

Como podemos observar los síntomas de la dislexia son muchos y pueden variar dependiendo de la edad del niño. Pero es importante recalcar que cada persona diagnosticada con dislexia puede tener una sintomatología propia. No se deben cumplir todos los síntomas para que se considere dislexia, pero al mismo tiempo hay que tener en cuenta los síntomas centrales de la dislexia. No tienes dislexia simplemente por tener problemas de lateralidad (confundir derecha e izquierda), por ejemplo.

Causas de la dislexia

Las investigaciones sobre la dislexia indican que estos síntomas ocurren por el modo en el que el cerebro procesa la información visual y fonológica (la que corresponde a leer, hablar y escribir). Imágenes cerebrales muestran diferencias en las personas con dislexia cuando leen. Ya que se activan zonas distintas y no parece funcionar de forma tan eficaz como una persona sin dislexia.

Leer, escribir y hablar, pese a que son cosas básicas que realizamos todos los días sin esfuerzo, son en realidad el resultado de procesos muy complejos. Así, un niño que comienza a leer y escribir tiene que pasar por los siguientes procesos, entre otros:

  • Entender que las palabras están formadas por sonidos más simples.
  • Asociar cada uno de estos sonidos simples a las letras del abecedario.
  • Aprender a combinar los sonidos y letras para formar palabras.
  • Automatizar el proceso a base de usar y reconocer palabras leídas o escuchadas muchas veces.

Visto así de desmenuzado nos damos cuenta que estos son procesos que nuestro cerebro aprende a realizar con asombrosa rapidez y eficacia. De manera casi inmediata vemos una palabra y la sabemos pronunciar o pensamos en una palabra y la podemos escribir, pero son precisamente en estos procesos los que la dislexia ralentiza ya que el cerebro de una persona con dislexia no es tan rápido y eficaz realizando estas tareas, independientemente de su inteligencia. Es por esto que se dan síntomas como el de leer lentamente o cambiar el orden de las letras de una palabra. Porque al realizar todos estos procesos complejos el cerebro de una persona con dislexia le cuesta más tiempo y comete más “errores” al procesar los sonidos y las letras.

Factores de riesgo y complicaciones

Entre los factores de riesgo que podemos encontrar en los casos de dislexia están:

Antecedentes familiares de dislexia u otras dificultades de aprendizaje.

  • Nacimiento prematuro o bajo peso al nacer.
  • Exposición a la nicotina, a drogas, a bebidas alcohólicas o a una infección durante el embarazo que pueden alterar el desarrollo cerebral del feto.
  • Diferencias individuales en las partes del cerebro que permiten la lectura.

En cuanto a las complicaciones que se pueden dar junto con la dislexia encontramos principalmente los problemas escolares y del aprendizaje. Ya que la lectura y comprensión de lo que se lee es la base en la que está formado nuestro sistema educativo, y un fallo en estos procesos deriva en retrasos y dificultades para aprender. También pueden ocasionar complicaciones de tipo social ya que la dislexia puede causar baja autoestima, ansiedad, sentimiento de fracaso, estrés, agresividad, problemas de conducta y rechazo al colegio y a las figuras de autoridad. Por último hay que tener en cuenta que, de no ser tratada, todas estas dificultades pueden suponer serios impedimentos en el desarrollo del niño y a lo largo de toda su vida.

Además, se ha estudiado que los niños con dislexia son más proclives a padecer también el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Por lo que es necesario hacer un buen diagnóstico diferencial y aportar los tratamientos necesarios.

Diagnóstico de dislexia

La dislexia es un trastorno que se identifica casi siempre durante la etapa escolar. Desde que el niño aprende a leer hasta la adolescencia en la que las tareas requieren mayor comprensión y velocidad en la lectura. Cuanto más severa sea la dislexia se detectará antes, ya que una dislexia moderada o leve puede pasar desapercibida hasta la adolescencia. Mientras que una más grave causará dificultades ya desde el inicio de la lectoescritura. Provocando que el niño se quede por detrás en este aprendizaje respecto a sus compañeros.

Quien suele detectar en primer lugar estas dificultades suelen ser los profesores. Que, viendo las dificultades que presenta el niño en éstas tareas específicas, trasmitirá sus sospecha a los padres y al gabinete psicopedagógico del centro escolar para diagnosticar si efectivamente se trata de un caso de dislexia, su gravedad y la mejor forma de abordar el aprendizaje una vez se confirme el diagnóstico.

Como en la mayoría de los trastornos, cuanto antes se diagnostique el trastorno mucho mejor será la adaptación del niño. Y más eficaces serán los medios que se utilicen para minimizar el impacto que pueda tener la dislexia en su aprendizaje. Un diagnóstico tardío (en la adolescencia) suele implicar, además de los síntomas, una baja autoestima, un bajo rendimiento escolar y un rechazo en el aprendizaje, que puede derivar en abandono escolar. Todo esto se da porque, al no conocer las dificultades que tiene el niño en su aprendizaje, es frecuente que padres y profesores achaquen su fracaso escolar a que no se esfuerza lo suficiente o incluso a una menor inteligencia respecto a los demás.

Afortunadamente hoy en día la mayoría de profesores, psicólogos escolares y pediatras están al tanto de qué es la dislexia y sus síntomas, de forma que se suele detectar tempranamente en la mayoría de los casos y se aplica eficazmente la metodología más adecuada para el niño de cara a su aprendizaje.

Tratamiento

La dislexia, al ser un trastorno con el que se nace y que afecta al modo en el que el cerebro procesa cierta información, no tiene una cura conocida. Sin embargo, sí que existen métodos eficaces que permitan al niño desarrollar estrategias que minimicen su impacto y puedan aprender con el mismo éxito que sus compañeros. La dislexia bien tratada puede no suponer un impedimento en el aprendizaje.

El objetivo del apoyo que reciben los niños con dislexia es este: Que puedan seguir el ritmo de las clases ordinarias sin retrasos en la adquisición de la lectoescritura.

A fin de conseguir esto, lo más habitual y eficaz consiste en que el niño trabaje con un profesor auxiliar de apoyo, con el pedagogo o el psicólogo del centro escolar que le ayudan en su día a día a aprender correctamente a leer, escribir y en cómo superar los síntomas específicos que presente. Dependiendo del caso es posible que este profesor de apoyo o desde el centro recomienden acudir a otros especialistas como puede ser un terapeuta educacional o un logopeda, los cuales tienen formación y experiencia específica para las dificultades del aprendizaje como la dislexia.